Capítulo 23:
En el fondo todos sabían que yo tenía razón, pero algo me
decía que debía denunciar. Pero por otra parte, lo había explicado
perfectamente, la cárcel no le hará el mismo daño que a Alejo la muerte. Y
pensándolo bien, ¿podía mentir, no? Los forenses examinaron a la perfección
todo y llegaron a la conclusión de que había sido un suicidio. Recordé todo por
un momento. Su cuerpo estaba totalmente destrozado, apenas se le reconocía. ¿Y
si no era él? ¿Y si el chico al que había visto y del que me había despedido,
no era él? Me paré a pensar. No había visto su lunar, por muy desfigurado que
estuviese, habría alguna marca. Y tampoco estaba la cicatriz de la operación
del apéndice. ¡No era posible! ¡No era él! ¿Entonces? ¿Quién había muerto?
Cogí el móvil y llamé a Jorge. Comunicaba. ¡Mierda! ¿Y ahora
qué? Iván e Inés me miraban incrédulos. “Llévame al hospital YA” exigí. Nos
montamos en el coche y llegamos a los pocos minutos.
Me hicieron la ecografía, todo estaba perfecto. En 4 meses
sería madre de un niño muy sano. Miré a Iván y sonreí. Me abrazó, pero yo
seguía pensando en todo. “Espérame en el coche, pedí, yo voy luego que tengo
que mirar unas cosas”. Él se fue y yo bajé a la última planta. Busqué al
forense pero una terrible noticia me esperaba: El forense que había atendido a
Alejo, había muerto meses atrás. Suspiré, era imposible. Pedí hablar con el
nuevo y me llevaron a su despacho.
-Hola…-dije con miedo al entrar.
-Hola, siéntese tranquila-sonrió.
Era joven, alto, delgado y rubio. De muy buen ver. ¿Cómo
alguien tan…guapo y joven podía meterse en ese trabajo de examinar muertos? Mi
cabeza no lo entendía pero debía ir al grano.
-Necesito que me haga un favor-pedí.
-Y yo que tú me hagas otro, tutéame, por favor-sonrió, sus
dientes eran blancos como las perlas.
-Lo siento-sonreí-me acaban de comunicar el fallecimiento del
antiguo forense y…necesitaba que me dejasen ver el historial de un
fallecido-suspiré mirándole.
-¿Eres familiar? Sólo dejamos ver a los familiares-explicó.
-Bueno…era…su novia-suspiré.
-Dime el nombre del fallecido-me miró.
-Alejo…Alejo Alamino-suspiré con lágrimas en los ojos
mientras él buscaba entre los papeles.
-Alejo…Alejo…-seguía buscando-aquí no hay ningún Alejo,
¿estás segura de que fue aquí?-preguntó.
-Completamente, yo le vi, estuve con él-.
-Pues lo siento, aquí no hay nada-suspiró-miraré en los
archivos del ordenador, ¿sabes que con las nuevas tecnologías te localizan
increíblemente en dónde está una persona?-sonrió-mira aquí está Alejo Alamino,
¿Puente, puede ser?-y al ver que asentí prosiguió-pues ese chico sigue vivo,
está a unos cuantos metros de aquí.
-¿Q…qué? No, es imposible, es totalmente imposible, yo le vi,
estaba muerto hasta vi a su fantas…-me callé, no quería parecer una loca,
suspiré.
-Pues ya ves que no, te habrás equivocado-sonrió y apuntó en
un papel-esta es la calle en la que está ahora mismo, ve a comprobarlo tú
misma.
Salí de allí corriendo, no sin antes agradecérselo. Vi a Iván
en el coche y le dije que volvía ahora. Fui corriendo a la dirección que me
había apuntado. A lo lejos vi a un chico, no era Alejo, era rubio y vestía
ropas ajustadas y pijas. No, ese no era su estilo. Aún así me acerqué a
preguntarle. Me quedé mirando sus ojos. Y vi que tenía un lunar en la cara. El
lunar de Alejo. Le miré de nuevo. ¿Era él? ¿Rubio? ¡Alejo estaba vivo!


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